DEL TELETRABAJO A LOS TELEEVENTOS

El 06 de octubre de 2019, LA VANGUARDIA publicaba un artículo titulado “El difícil despegue del teletrabajo

Informaba de la situación en las empresas y la baja posibilidad de acogerse a esta nueva modalidad por parte de los empleados.

Algunas causas mencionaban apuntaban a una falta de una política asociada o la necesidad de un cambio cultural tanto en la propia empresa como en el mundo laboral en general.

Indica además que la única métrica vinculada a la productividad de los trabajadores es el presentismo. Y al fin y al cabo el pensamiento común es que “si te veo, se que estás trabajando”.

Por lo que se presupone que este pensamiento está anticuado, obsoleto y coarta las libertades creativas y productivas de unos profesionales que de inicio deben considerarse responsables y comprometidos.

En este punto, si no existiera esa responsabilidad y ese compromiso tanto por parte de la empresa como por parte del trabajador el problema radicaría, como decía antes, en la cultura laboral de la empresa. No es una cuestión de quién trabaja para quien, sino de colaboración.

Trabajar según funciones definidas y en base a objetivos claros, medibles, cuantificables y controlables, es entonces un fundamento básico.

El 6 de marzo de 2020, ese mismo diario publicaba el siguiente artículo: “El coronavirus acelera la implantación definitiva del teletrabajo

En exactamente 5 meses las prioridades se han reordenado, y el teletrabajo es la óptima alternativa de cara a proteger a los empleados y evitar una propagación de esta enfermedad.

Matices de alarmismo, un posible toque de psicosis y puede que algo de excesiva precaución, pero a golpe de virus, el concepto de presentismo o de presencia laboral ha dejado de ser algo esencial.

Al fin y al cabo es una reacción lógica y preventiva.

Dejo un enlace a las Q&A sobre el COVID-19 en la web de la Organización Mundial de la Salud (WHO)

TELETRABAJO

Ya no hace falta “ir a trabajar”, ahora directamente es “trabajar”, ya que no existirá el dónde como tal, solamente el hecho en sí.

Las palabras de Jennifer Christie, responsable de Recursos Humanos de Twitter reflejan claramente esta tendencia al alza: << […] Las personas que se mostraron reticentes a trabajar de forma remota descubrirán que realmente prosperarán de esa manera. Y los managers que pensaron que no podían gestionar equipos de forma remota tendrán una perspectiva diferente. Creo que no volveremos. […] >> (BUZZ FEED NEWS, 4 de marzo de 2020)

Cabe destacar que esta afirmación tan contundente y sin matizar por parte de los medios que se hicieron eco de estas declaraciones, está en realidad limitada solamente a los empleados de las oficinas de Hong Kong, Japón y Corea del Sur en base a las restricciones de los respectivos gobiernos. (Blog de Twitter, 2 de marzo de 2020)

Comprobamos entonces que se ha evidenciado que en muchos casos no es necesario “ir a la oficina”, que es posible trabajar desde casa.

Imagen de Yucel Moran on Unsplash

Pero el teletrabajo no es una condición que afecte exclusivamente al trabajo individual. El trabajo en equipo y la grupalidad siguen siendo básicos en el desarrollo laboral.

Las reuniones siguen siendo algo necesario que, adaptándose a la nueva situación, pasan a ser online.

Y de nuevo volvemos a encontrarnos con un “punto de inflexión cultural”, y es que en muchos casos el asistir, el verse y el interactuar de forma presencial es algo casi intrínseco de las reuniones, a veces requerido y otras veces denominado como básico de cara al óptimo cumplimiento de los motivos de la reunión.

Pero es que básico no significa esencial. Y si no es esencial, no debería ser por tanto una norma.

Solo importa el quién y el qué, el dónde es circunstancial.

TELEREUNIONES

Las reuniones son momentos clave debidamente planificados, con una asistencia definida y un motivo determinado y concreto.

Todo lo que no cumpla uno de los aspectos indicados provocará un impacto negativo en la efectividad de la reunión y, en consecuencia, en la productividad de los implicados.

Acabaría siendo una pérdida de tiempo.

Y si a esos aspectos le añadimos la variable distancia, la dificultad de asistencia aumenta. Teniendo entonces que hacer malabares con nuestras agendas.

En el peor de los casos, perdiendo más tiempo debido a los desplazamientos, tanto de ida como de vuelta, apareciendo otra vez esas pérdidas de tiempo y reduciéndose la productividad de la jornada laboral de esa persona.

Imagen de Bruno Wolff on Unsplash

Al fin y al cabo – y dicho de forma muy simplona – el teletrabajo requiere de un ordenador, y para una reunión online necesitamos ese mismo ordenador por lo que, de nuevo, da igual donde nos encontremos.

Así que con un portátil, unos auriculares o altavoces y, podríamos añadir una webcam, podremos reunirnos con quien sea, desde donde sea.

Imagen de BRUNO CERVERA on Unsplash

Solo nos faltaría añadir un detalle, la conectividad. Y aunque existen amplias opciones, el infante 5G en teoría obrará su magia en un futuro.

De reuniones podemos identificar 2 modelos:

  • Reunión unidireccional, donde no hay interacción, sólo escucha activa.
  • Reunión bidireccional donde la reunión es a dos.
  • Reunión multidireccional, donde la interacción es entre más de 2 personas a la vez.

Pero existe un tercer modelo, una variante de los otros tres, los eventos.

Por no inventar lo ya inventado, una buena definición es la de Rosario Jijena Sánchez: << Acontecimiento previamente organizado que reúne a un determinado número de personas en tiempo y lugar preestablecidos, que desarrollarán y compartirán una serie de actividades afines a un mismo objetivo para estímulo del comercio, la industria, el intercambio social y la cultura general. >> (Eventos. Cómo organizarlos con éxito)

Volviendo al concepto inicial de presentismo, un detalle clave de las telereuniones es que todos los asistentes forman parte activa, todos interactúan con todos.

Existe un interés mutuo que promueve que los mensajes fluyan y calen entre todos los participantes.

TELEEVENTOS

Si es factible tener una reunión a distancia, es lógico que también se puede asistir a un evento de forma ONLINE.

La diferencia entre una reunión y un evento podría radicar en el motivo, el mensaje, en la forma de transmitirlo y obviamente en el volumen de asistentes al cual se quiere transmitir que, en la mayoría de los casos, suele ser a una elevada cantidad.

Como decía, en las reuniones interactuamos todos con todos, la comunicación es multidireccional y existe un interés compartido.

Pero en los eventos ONLINE, sobretodo en aquellos donde la comunicación es unidireccional, ¿qué evita que me ponga a hacer otras cosas que nada tiene que ver? ¿Qué que evita que me distraiga? ¿Qué evita que deje activa la sesión informativa y me vaya a la cocina a hacerme un café?

Otro punto importante a destacar de los eventos es que la grupalidad y afluencia de gente son una parte esencial.

El sentimiento de grupo, la sensación de pertenencia y las emociones colectivas son las claves del éxito. Compartir, recibir y formar parte son algunas de las sensaciones que se exaltan cuando se asiste a un evento, y los organizadores y gestores bien se encargan de que eso sea así.

En un evento donde se asiste físicamente a escuchar un mensaje dentro de un espacio acotado, la capacidad de evasión se reduce sustancialmente, y el efecto grupal juega un papel muy importante, al igual que el networking posterior.

Imagen de Phil Coffman on Unsplash

Pero en la “soledad de nuestros portátiles” esos sentimientos pueden ser difíciles de alcanzar.

Así que, ¿cómo se plantean entonces las acciones de empowerment, engagement y de motivación a unos empleados que trabajan aislados en sus casas?

Lo online elimina la distancia y facilita la comunicación. Pero a su vez, la no presencia – permitida por lo online – puede dificultar la comunicación.

REDEFINICIÓN CONCEPTUAL Y REDISEÑO

Si esta tendencia acelerada del teletrabajo se supone una realidad próxima, es obvio entonces que implicará cambios culturales tanto en empleados como en el management de las empresas. Aunque la facilidad de medios ofimáticos y la conectividad hará que esta adaptación sea ligeramente más sencilla.

Como inciso destacar que el teletrabajo no es solamente cuestión de cultura o política empresarial.

La prevención de riesgos laborales de los trabajadores, la ergonomía de sus puestos de trabajo y la legalidad asociada al fichaje y control horario son también algunos de los factores implicados en este formato de trabajo, y como tal, requieren de definición y regulación.

A su vez una mayor costumbre con las telereuniones. Aunque aquí el camino está más allanado gracias a herramientas como Skype, Microsoft 365 y otros sistemas de teleconferencia y videoconferencia que ya se usan con cierta asiduidad.

Y finalmente implicará una redefinición de lo que supone un evento: su concepción, su diseño, su estructura, la organización y requerimientos para poderlo llevar a cabo, etc. Cada aspecto tendrá que ser estudiado en detalle teniendo en cuenta que se estaría hablando a unos asistentes, sino a unos seguidores, televidentes dentro del mundo laboral o followers de la empresa que trabajan para la empresa.

Puede que sea necesario entonces aprender de los grandes YouTubers y puede que incluso se deba aplicar el concepto de “share” de las audiencias de televisión.


Imagen de portada de Ross Findon on Unsplash

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